Este verano, debido a la pandemia, muchas familias han preferido disfrutar de sus vacaciones en el apartamento de la playa o la montaña o en la casa
del pueblo y dejar los viajes internacionales para mejor ocasión. Eso puede
ser una buena noticia para el sector turístico que en estos momentos está pasando por momentos difíciles, pero, ¿qué pasará cuando volvamos a
nuestra residencia habitual? No vivir de forma permanente en una casa no
es motivo para escatimar en su protección, así que lo mejor es contratar un
seguro que proteja nuestra segunda vivienda durante nuestra ausencia.

Como la oferta de seguros de hogar es muy amplia, lo más aconsejable es
hablar con nuestro corredor de confianza, para que nos asesore sobre
qué producto es el que más nos conviene y ajustar la póliza al uso real que
hagamos de la casa. No es lo mismo una residencia habitual que una segunda residencia, ya que una casa que está deshabitada la mayor parte
del año no necesita el mismo nivel de cobertura que una casa en la que
siempre hay gente.

Las prestaciones más habituales son las que cubren los desperfectos ocasionados por robos y hurtos, fenómenos atmosféricos que suceden durante nuestra ausencia, actos vandálicos o daños eléctricos, que pueden desembocar en incendios, inundaciones o electrodomésticos estropeados. En el caso de los robos, hay que tener en cuenta los desperfectos ocasionados al entrar ilícitamente en la vivienda, como ventanas rotas o cerraduras forzadas. Además, es importante considerar la cobertura no sólo de la casa sino también de todo su contenido y, sobre todo, calibrar bien la prima para no pagar de más, pero tampoco quedarnos cortos.

Otro aspecto a considerar es si la vivienda tiene jardín o está ubicada en
una urbanización. De ser así, podríamos valorar la necesidad de cubrir la
reconstrucción de las zonas verdes en caso de siniestro o la responsabilidad
civil a terceros si ocurriera algo que afectase a toda la comunidad.

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