Todos hemos sentido alguna vez ese momento de pánico irracional al no encontrar nuestro teléfono móvil y pensamos que lo hemos perdido o nos lo han robado. Nomofobia viene del inglés No-Mobile y es un nuevo
trastorno del siglo XXI, que consiste en la angustia que nos genera no tener acceso a nuestro dispositivo, y que padecen muchas personas
en mayor o menor medida. Según los datos de la Secretaría de Estado de Seguridad, en España se sustraen unos 300.000 smartphones al año, de los cuales sólo el 15% están asegurados.

Los teléfonos móviles son cada vez más avanzados, ofrecen más prestaciones y pueden alcanzar precios bastante altos, por lo que es
conveniente protegerlos con un buen seguro. Tanto las reparaciones en caso de rotura como el tener que comprar un móvil nuevo en caso de robo pueden suponer un desembolso importante, así que es aconsejable consultar con nuestro corredor de confianza, para que nos asesore sobre las
diferentes posibilidades que ofrece el mercado y nos ayude a elegir la que
mejor se ajusta a nuestras necesidades.

Las pólizas suelen cubrir los robos con fuerza, así como los daños accidentales producidos por caídas, golpes o desperfectos causados por líquidos que provoquen que el dispositivo deje de funcionar. Esto es algo más habitual de lo que pensamos y más si tenemos en cuenta que,- como llevamos el móvil a todas partes, a veces nos despistamos y no somos demasiado cuidadosos con dónde lo dejamos, así que puede caerle encima
una bebida o romperse el cristal de la pantalla con un golpe fortuito. La
rotura de la pantalla está cubierta por el seguro siempre y cuando afecte
al normal funcionamiento del dispositivo. Es decir, si impide navegar o leer con normalidad.

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