¿Sabías que cada 28 de enero, desde el año 2006, se celebra el Día Europeo de la Protección de Datos? El objetivo de este día es enfatizar la importancia de la protección y privacidad de los datos de todos los usuarios de la red.

Todos conocemos que cada día cobra más importancia la protección ante los efectos que puede provocar una brecha de seguridad o fuga de información de clientes. Esto lo vemos especialmente en las empresas, donde es fundamental el cumplimiento de la normativa en esta materia para proteger a los usuarios y clientes, así como para evitar el hacer frente al pago de una posible multa en el caso de ser víctimas de un incidente de este calibre.

Sin duda, se trata de algo que puede afectar considerablemente a toda la continuidad de un negocio, por lo que resulta imprescindible ofrecer la máxima seguridad a aquellas personas que confían en nuestra empresa y su actividad. Desde luego, resulta un riesgo al que hay que prestar toda nuestra atención y, por ello, además de las medidas legislativas de prevención que se establecen en la Ley de Protección de Datos, nuestro aliado en el día a día también nos ofrece apoyo en estos casos: el seguro. A pesar de que no tiene un carácter obligatorio, sin duda es muy recomendable que las empresas contraten una póliza de ciberriesgos para responder ante imprevistos de este estilo. Por supuesto, todo dependerá de las necesidades y características propias de la empresa, por lo que en todo caso será recomendable acudir al asesoramiento de un corredor de seguros.

Por otro lado, no son pocas las personas que continúan todavía en desconocimiento de cómo proteger sus datos personales y privacidad mientras navegan en Internet. Por ello, en este día también se desea destacar y concienciar a la población general del tratamiento de los datos que se ceden como consumidores, así como recordar algunas maneras de mantenerse protegido mientras se navega en la
red. Estas se refieren a la implantación de medidas tales como la elaboración de contraseñas complejas y fuertes, así como su modificación periódica; la implantación de sistemas de seguridad como antivirus o gestores de contraseñas; o la evitación de pulsar en cualquier enlace que resulte sospechoso.

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