En el momento en que la pandemia comienza a ser cosa del pasado y nos encaminamos hacia una vida lo más parecida a antes de la COVID, vemos como poco a poco se van recuperando algunas de las costumbres más asociadas al verano. Una de ellas son los festivales de música que, tras dos años sin poder celebrarse, ahora vuelven a llenar recintos emblemáticos al más puro estilo 2019 (pero sin bajar la guardia).

No hay duda de que en los festivales de música, que siempre son multitudinarios y donde la suma económica invertida es importante, los riesgos están siempre presentes. Por ello, disponemos del elemento mitigador de éstos por excelencia: el seguro.

A nivel organizador, pueden ser muchos los riesgos a los que se pueden ver expuestos, desde la incomparecencia de alguno de los artistas, complicaciones en las instalaciones, incendios, fallos en los equipos técnicos e, incluso, fenómenos meteorológicos adversos que impidan su desarrollo.

A nivel particular, normalmente los eventos de este estilo acogen a miles de personas que provienen de diferentes lugares. Por ello, en primer lugar, nunca está de más atender a los riesgos que pueden ocurrir
en relación al viaje: algún imprevisto que nos dificulte el trayecto, o que bien finalmente no podamos acudir y perdamos la cantidad invertida en la entrada. Incluso, ya allí, que nos roben nuestras pertenencias entre toda la multitud.

Ya sea a un nivel u otro, lo mejor siempre será analizar cada caso particular. Para ello, la clave está en consultar con nuestro corredor de seguros de confianza y dejarnos asesorar por su profesionalidad y
cercanía. De esta manera, disfrutaremos u organizaremos el festival, sin duda, con la mayor de las tranquilidades.

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