El aumento de la esperanza de vida ha incrementado el número de personas dependientes en España. En Octubre de 2020 se contabilizaron casi 1.350.000 personas dependientes, lo que supone un 3% de la población. Sin embargo, la edad no es la única razón por la cual una persona no pueda
valerse por sí misma. También se considera dependientes a los que por enfermedad, discapacidad o limitación necesitan la ayuda de otros para sobrevivir.

La legislación vigente cuenta con un sistema de prestaciones públicas que ofrece ayudas al cuidado de estas personas, pero nunca está de más contar con un plan B que ofrezca una seguridad adicional. Existen pólizas que garantizan una indemnización en forma de renta, capital o prestación de servicio para que el asegurado esté bien atendido si pierde su autonomía, y lo mejor es consultar con un profesional para que nos aconseje sobre las mejores opciones.

La mayoría de los seguros de dependencia cubren el pago de una renta o capital y los gastos de desplazamiento y estancia de un familiar en el hogar del asegurado, en el caso de que éste esté en situación de dependencia tras un tiempo en el hospital, por ejemplo. Según sus necesidades, la póliza también cubriría el ingreso en una residencia o centro de día, la reserva de plaza en dicho centro, los servicios de ayuda a domicilio y el cuidado personal o de teleasistencia.

Las condiciones para acceder a esta cobertura son que el asegurado
cumpla con unos requisitos médicos de suscripción, como realizar un
cuestionario o aportar determinadas pruebas; y que la aseguradora pueda cancelar el pago de la prestación si la incapacidad deriva de enfermedades
preexistentes que no se tuvieron en cuenta en el formulario.

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