Desde hace años estamos presenciando y notando las consecuencias más graves derivadas del cambio climático: los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, que desembocan en desastres y catástrofes naturales exponencialmente más frecuentes.

Una de las consecuencias que conlleva este aumento de las temperaturas es la sequía, como resultado de la falta generalizada de lluvia. Además, el clima durante este verano en nuestro país, que ya de por sí tiende a la desertificación, no ha resultado ser de ayuda: las claras protagonistas han sido las extremas olas de calor. Según datos de las aseguradoras, los siniestros provocados por esta anomalía climatológica son cada vez más habituales, más intensos y duraderos y ocupan superficies más extensas.

Por ello, la sequía se torna una de las principales preocupaciones para una buena parte del sector agrario. Esto es porque, como podemos imaginar, los daños que puede provocar este fenómeno desembocan en la pérdida de los pastos y las cosechas.

Por supuesto, los avances tecnológicos permiten que cada vez existan más técnicas para implantar medidas contra este riesgo, como podría ser la aprobación de planes de optimización de la gestión del agua y de inversión en infraestructuras.

No obstante, se trata de un riesgo al que se debe hacer frente a través del sistema de seguros agrarios español, encargado de responder ante las necesidades de los productores agrícolas y ganaderos. A pesar de que no existe un seguro específico para la sequía, sí que existe como riesgo incluido en los diferentes seguros agrícolas, como puede ser el seguro de herbáceos extensivos, que cubre daños causados por riesgos climáticos no controlables, como el pedrisco o, por supuesto, la sequía.

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