Cada vez son más las personas, en cualquier ciudad o pueblo de nuestro país, que adoptan la bicicleta como medio de transporte habitual, ya sea para acudir al trabajo, a la universidad o, simplemente, para realizar la compra semanal. Esto no es raro ya que los beneficios que supone son numerosos tanto para la propia persona como para el medio ambiente.

Ahora bien, como todo medio de transporte podemos, en ocasiones, vernos ante situaciones que preferiríamos evitar. Solo en Madrid, según datos del Ayuntamiento a cierre de 2020, en los últimos 10 años los accidentes de tráfico con bicicletas implicadas habían aumentado un 270%.

Estos datos reflejan tres cosas. La primera, la necesidad de adaptación de las infraestructuras a la nueva movilidad. La segunda, la necesidad de concienciación en cuanto a prevención. En tercer lugar, la importancia de contar con una buena póliza de seguro encargada de protegernos ante los riesgos a los que nos podemos ver expuestos.

A pesar de no ser obligatorios por ley, no hay duda de que son más que recomendables. No son pocas las situaciones en las que podamos encontrarnos con algún conductor que desee adelantarnos y no se respete la distancia de seguridad, o que un coche aparcado abra la puerta sin comprobar que vamos a pasar por ese lado, por numerar algunos ejemplos relacionados con otros vehículos. Todas estas situaciones de riesgo pueden poner en peligro a los ciclistas, por lo que, en primer lugar, es muy importante tenerlos en cuenta a la hora de buscar nuestro seguro.

En cualquier caso, el objetivo será siempre encontrar la póliza que más se ajuste a nuestras necesidades y circunstancias concretas en base al uso que le demos, así como a las de la propia bicicleta, ya que existen modelos muy diferentes en prestaciones y precio.

Para ello, contar con la opinión y el asesoramiento de un profesional de los seguros que conozca bien la oferta actual del mercado, siempre será la mejor opción.

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