El 14 de febrero se celebró una de las fechas más señaladas en todo el mundo: San Valentín. Son muchas las personas que apuntan este día para proponerle matrimonio a sus parejas, aprovechando el romanticismo que representa este día.

Pero, después de ese momento de euforia y exaltación de sentimientos y emociones, toca una de las partes más trabajosas a la par que estresantes: la preparación de la ceremonia y de la celebración. Y es que no son pocos los preparativos para que todo salga a pedir de boca: la fecha, el lugar de la ceremonia, el espacio para la celebración posterior, la decoración, el catering, el fotógrafo, el vestido de novia, el traje del novio, las alianzas… todo ello, de media en nuestro país, asciende a unos 20.000
euros, aproximadamente.

Sin duda, las bodas no son eventos exentos de riesgos. Son muchos los imprevistos que pueden ocurrir, tales como que haya que cancelarla por motivos de enfermedad o accidente de alguno de los novios (o incluso de algún familiar próximo), que haya alguna inclemencia meteorológica que impida su celebración, que el vestido se estropee por algún motivo, que los anillos se extravíen, que el fotógrafo o cualquier otro proveedor falle en el último momento… y poner en riesgo un día tan importante para la pareja.

Por ello, los futuros contrayentes también pueden contar con el apoyo del seguro. Claro está que, actualmente, existen multitud de opciones dentro del mercado, por lo que lo que la pareja contrate dependerá de sus circunstancias y su inversión. Sin duda, lo mejor que podrían hacer es consultar con un corredor de seguros de confianza, que les asesorará sobre las pólizas que más se ajusten a sus necesidades particulares y, así, poder celebrar su evento nupcial con la mayor de las tranquilidades.

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